Ya pasaron los abrazos y las lágrimas del domingo, la unión enseñada por el equipo campeón parece quedar lejos ante el primer debate que desde el lunes por la tarde comenzó a realizarse con la confirmación de un feriado nacional para acompañar los festejos y la llegada de la selección.
Diversos sectores, manifestaron públicamente su postura ante la decisión de otorgar un día destinado a la celebración junto a los jugadores.
Desde el interior del país se expresaba que era una celebración que debía darse en Buenos Aires, pero también se planteaba la posibilidad de acompañar el momento y celebrarlo. Otros sectores políticos, aprovecharon la decisión del Ejecutivo para criticar y arengar a quienes no comparten este feriado.
Algunas provincias, desconociendo la supremacía de las leyes, no acataron una norma nacional y decidieron hacer caso omiso al DNU, que declara el feriado.
Sectores empresariales, enrolados en las cámaras de medianas y pequeñas empresas enviaron sendos comunicados criticando que se les obligó a pagar un bono a los trabajadores privados y unos días después deben abonar doble el día para poder abrir sus puertas.
Desde lo individual, el reclamo de usuarios con turnos programados, trabajadores que utilizan los servicios de transporte, familias que esperaban esta mañana junto a sus hijos celebrar los actos escolares, también mostraron su enojo.
A todo esto, una marea humana esperó el Avión que trajo la copa y cientos de miles de personas aguardan la caravana hacia el Obelisco, en pleno centro porteño.
Dos posturas, a favor y en contra del feriado. ¿Una nueva grieta? No, para nada. Solo dos sectores de la sociedad, de un mismo país que piensan distinto, pero que deben convivir. Y… aprender a hacerlo. Tal vez eso, fue enseñado por este equipo campeón del mundo.












