#ESPECIAL | UN PUEBLO ESTIGMATIZADO Y UN PAÍS FURIOSO CONTRA UN FISCAL

Las informaciones falsas que circularon a nivel mundial sobre el Covid-19, pusieron en la vidriera el daño que provoca la desinformación y la preocupación que genera en la población.

Chubut

La desinformación lo hizo:  un pueblo estigmatizado y un país furioso contra un fiscal

Por: Natalia Ferrari

Las informaciones falsas que circularon a nivel mundial sobre el Covid-19, pusieron en la vidriera el daño que provoca la desinformación y la preocupación que genera en la población. Hay ejemplos en todo el mundo que reflejan cómo el uso intencional de informaciones falsas han influido en procesos eleccionarios, en la erosión de confianza en instituciones, medios de comunicación y del propio ejercicio del periodismo. 

La provincia de Chubut ha sido testigo de este tipo de prácticas en reiteradas oportunidades. Una de ellas, vinculada también a un caso sanitario, provocó la estigmatización de la población de Epuyén. 

En diciembre de 2019 comenzó a registrarse un elevado número de casos de Hantavirus entre los vecinos de esa pequeña localidad cordillerana habituada a tal enfermedad, pero no con las características que se presentaba: el contagio se daba de persona a persona y no de ratón a persona. 

Las acciones del Gobierno Provincial para contener los contagios incluyeron declarar la emergencia sanitaria y la restricción de permanecer en sus viviendas a las personas contagiadas y quienes habían tenido contacto con ellas.  

A las pocas semanas, con el incremento de los contagios y fallecimientos, la noticia llegó a los medios nacionales que en su mayoría mostraban imágenes de calles desiertas y polvorientas y hablaban en los titulares de un “pueblo fantasma”. 

Epuyén tiene dos mil habitantes y su economía depende en gran medida del turismo; se estima que todos los veranos la visitan más de cien mil personas. Todos los veranos, excepto el de 2019. 

El pueblo quedó aislado, pero no por un peligro real de la enfermedad, sino por el miedo que generó lo publicado en los medios de comunicación. La población no estaba totalmente confinada en sus casas; sólo lo estaban, y por una cantidad determinada de días, los contactos de contagiados. Y tampoco tenían prohibido salir del pueblo. 

Las mentiras que se difundieron provocaron, por ejemplo, que los residentes en Epuyén fueran echados de comercios en localidades vecinas, cuando decían que provenían de allí. Fueron rechazados y estigmatizados sólo por vivir en una localidad donde se dio un brote de Hantavirus que, para el 24 de marzo, ya había sido dado por terminado por las autoridades sanitarias de la provincia. 

El terror generado por titulares apresurados, pero rimbombantes y que sirven de gancho para la audiencia, se registra también en otras coberturas de hechos de Chubut, como el ocurrido en mayo de 2020 con el accidente fatal de un avión sanitario al aterrizar en el aeropuerto “Brig. Gral. Antonio Parodi”.

La aeronave, que llegaba a buscar a una niña que debía ser derivada a un Hospital en Capital Federal, había salido del aeropuerto de San Fernando, en Buenos Aires, con cuatro tripulantes; piloto, copiloto, médico y enfermero. 

Cuando se conoció el siniestro y comenzaron a difundirse las imágenes de la aeronave en llamas, las primeras informaciones que se vertieron eran totalmente falsas. Las imágenes eran reales, pero no sí, el contenido que la acompañaba. Se dijo que se trataba de un avión con mayor cantidad de pasajeros y se expusieron diversas teorías sobre la dinámica y motivos del accidente. 

Historias sensacionalistas, discursos de odio y parcialidades, son todos indicadores de desinformación que están presentes en emisiones que las audiencias consumen pensando que se trata de información confiable. Estas particularidades se encuentran también en el tratamiento periodístico que tuvo el caso divulgado como “violación en manada”. 

Los medios de comunicación de todo el país se hicieron eco de una frase que utilizó el fiscal del caso en su descripción del hecho cuando señalaba que hubo “desahogo sexual doloso”. Esto desató una catarata de críticas desde todos los sectores que llevó al Ministerio Público Fiscal a emitir un comunicado. En ese texto se expresaba que “trascendió una frase atribuida al fiscal, cambiando el sentido de los términos, sacados de contexto, sobreexponiendo a la víctima y poniendo en riesgo aspectos cruciales del proceso penal”.

Los casos descriptos dejan en evidencia distintas formas en las que se presenta la desinformación que pueden incluir algunos contenidos verdaderos, pero alterados o manipulados y perdidos en una maraña de opiniones e interpretaciones. 

Si bien las redes permiten que se “viralicen” estas informaciones ilusorias con un solo click, de parte de usuarios muchas veces inadvertidos de la falsedad del contenido, también es cierto que hay periodistas y medios que posibilitan la circulación y multiplicación de noticias reales, pero puestas en un contexto simulado, exagerado o totalmente cambiado. Así lo confirma una investigación entre periodistas que consideran que, si bien estos no son los principales responsables de la desinformación, algo tienen que ver. Se trata del informe sobre “¿Cómo afecta las noticias falsas la labor de los periodistas en Argentina?”, realizada por el Foro de Periodismo Argentino (Fopea) y financiado por la Unión Europea, uno de los organismos internacionales que está llevando adelante acciones para combatir la desinformación. El 85% de los periodistas argentinos entrevistados piensa que “por lo menos algunas” de las informaciones falsas conocidas “pudieron haber sido creadas por colegas”.

Pero la estrategia ante la detección de una falsa noticia no es confrontar con los colegas, hay que evitar la controversia. Se deben ofrecer datos concretos para que la audiencia pueda reconocer que la información brindada no es la correcta, que se puede tratar de una falsedad, una opinión o interpretación del hecho. 

Como profesionales, somos responsables de actuar con criterio, y de tomar conciencia que podemos llegar a ser vehículos involuntarios de desinformación. 

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