#JUSTICIA | ASESINÓ A SU ESPOSA A GOLPES CON UN HIERRO DE CONSTRUCCIÓN Y LE DIERON PRISIÓN PERPETUA

El jurado popular condenó a Ramón Tissera por el asesinato de Ana Susana Luque. Le rompió el cráneo al darle tres golpes con un hierro de la construcción. El maltrato era permanente y la víctima era cosificada.

“Vos tenés que apoyarme en lo que yo decida; si no, vas a ver lo que te va a pasar”, fue una de las últimas palabras que le dirigió Ramón Tissera (74) a su pareja Ana Susana Luque (68) en el marco de una áspera discusión porque él pretendía cobrarle a una hija de ambos por el alquiler de un departamento en el fondo de su casa.

La mujer, que sufría un elevado maltrato y había sido cosificada al extremo, no podía oponerse a nada de lo que él dijera. Pero aquella siesta del 8 de octubre de 2019 sería distinto, cuando Ramón insistió en cobrarle a la hija por una casa que ocupaba en el fondo de la propiedad de ambos, en barrio Villa Belgrano, en Tupac Yupanqui al 5900, a metros de la margen norte del Suquía en la ciudad de Córdoba.

FEMICIDIO EN CÓRDOBA

Ana quiso ponerse del lado de la joven cuando él aseguraba que iba a desalojar a la hija de ambos. Pero la oposición de la madre terminó siendo fatal.

Pocos segundos después, Tissera tomó un hierro de la construcción, de ocho milímetros de sección, y cerrando la discusión le asestó tres violentos golpes en la cabeza a Ana. La fractura de cráneo hizo que la mujer perdiera el conocimiento, por lo que fue trasladada a la clínica Sucre, donde estuvo más de dos semanas internada en terapia intensiva, hasta que falleció el 24 de octubre.

Las cirugías que le practicaron en ese sanatorio no pudieron revertir los severos daños neurológicos propios del traumatismo craneoencefálico. Un médico que la asistió en esa clínica se refirió en aquel momento a los daños sufridos por la mujer: “Presentó lesiones cerebrales graves, con exposición de masa encefálica, fractura ósea frontal múltiple, bilateral y hemorragias cerebrales”. En todo momento estuvo inconsciente y fue asistida por respirador mecánico y con soporte de drogas.

La autopsia determinó que la violencia de los golpes había sido tan marcada que la fractura de los huesos de la cabeza se produjo con la modalidad de “mapamundi”, porque el cráneo estalla en forma radial.

Al comprobarse el deceso, el fiscal de Violencia Familiar y de Género del 3º Turno, Cristian Griffi, cambió la carátula de la causa de lesiones graves a homicidio doblemente agravado por el vínculo (de pareja) y por haber sido cometido en un contexto de violencia de género (femicidio).

La mención de “contexto de violencia de género” no era casual, sino que hacía referencia al relato de numerosos familiares y allegados que aseguraron que Ramón maltrataba sistemáticamente a Ana y la tenía reducida a un estado de cosificación.

En el plano pericial, la autopsia psicológica expuesta durante el debate oral indicó que la víctima era considerada un objeto y sufría permanentes maltratos en un contexto amplio de violencia de género.

En las discusiones, él siempre tenía que tener la razón y nadie podía oponérsele. A su vez, ella era una mujer débil y enferma y se había transformado en una persona sometida que hacía todo aquello que él decía, sin margen para las discusiones. Según trascendió en el debate, desde hacía años, Tissera la había apartado de su familia y evitaba que se relacionara con allegados o seres queridos.

A Ana le resultaba imposible oponerse a lo que él dijera y, si no lo hacía, tomaba duras represalias en su contra. “Era un verdadero déspota. Sometía a su mujer y a la familia a un sistema patriarcal y era extremadamente violento”, sintetizó el fiscal Griffi, quien también llevó la acusación al juicio por jurados que se desarrolló en la Cámara 6ª del Crimen de Córdoba y que finalizó el pasado martes con la condena a prisión perpetua.

JUICIO ACOTADO

Hoy Ramón Tissera tiene 76 años y, tras dos años de estar detenido, mostró en las audiencias algunas dificultades físicas que, según algunos, exageró para impresionar al jurado popular. Esa impresión no fue algo que dijeron quienes lo acusaban, sino que también quedó constatada en peritajes que señalaron que Tissera exageraba su sordera y algunos problemas propios de la edad.

El desarrollo del juicio tuvo un trámite acotado (no fue abreviado) porque, de entrada, el acusado admitió ser el autor del homicidio, si bien pretendió que se considerara que él la había atacado en respuesta a una previa agresión de la víctima. Inclusive, llegó a hablarse de una lesión que él registraba, por lo que terminó internado en la clínica Aconcagua, pero quedaron dudas del verdadero origen de esa herida.

El defensor de Tissera fue el asesor letrado Hernán Franco Papa, quien pidió una pena inferior a la perpetua, por entender que en realidad el caso se encuadraba como un homicidio con exceso en la legítima defensa. En principio, una parte del jurado popular habría adherido a esta tesis.

Sin embargo, la mayoría del tribunal del pueblo resolvió por mayoría acceder a la pena que había solicitado el fiscal Griffi, de prisión perpetua. El tribunal técnico estuvo integrado por los vocales habituales de esta cámara, Esteban Díaz Reyna, Enrique Buteler y Pablo Brandán Molina.

Con 76 años y una condena de prisión perpetua, es posible que en los próximos meses se presente un pedido de prisión domiciliaria para Tissera, teniendo en cuenta las patologías de base y otras dolencias físicas que arrastra.

La Voz

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