#OPINIÓN | AUTOMOVILISMO PARA POCOS

Columna escrita por Darío Roberts

Una apuesta riesgosa podría excluir a miles de espectadores genuinos del automovilismo argentino. La brecha digital de una generación, la falta de infraestructura de servicios y los costos amenazan el negocio colectivo a futuro.

El automovilismo deportivo fue durante décadas el segundo deporte en popularidad de nuestro país y si bien la convocatoria en los autódromos hoy sigue siendo considerable, ha perdido de manera gradual la presencia en la consideración del público general, y de manera muy marcada en aquellos medios no especializados.

A mediados del siglo pasado figuras como Fangio o los hermanos Gálvez eran tan populares como el Charro Moreno o Distefano, solo por citar a dos próceres del fútbol criollo. Y hasta mediados de la década del 80 era común encontrar en la tapa de las revistas deportivas e incluso en aquellas de interés general a los pilotos destacados del deporte motor.

Así, quienes hoy promediamos las cuatro décadas nos nutrimos del deporte motor desde la lectura de medios gráficos y de las transmisiones radiales y televisivas, pero en la mayoría de los casos ese interés no surgió de manera espontánea, sino que fue producto de heredar de nuestros padres, tíos o abuelos la afición por la actividad tuerca.

En cada casa podían cambiar las revistas, el canal o la sintonía de la radio, pero el vínculo era siempre el mismo: padres e hijos, nietos y abuelos, o algún tío que cargaba a sus sobrinos en el auto para ir al circuito o simplemente la mesa del domingo como escenario de una definición rueda a rueda a través del televisor. Eso que se replica en cientos y miles de tuercas a lo largo y ancho del país. Ahí están las raíces del automovilismo deportivo en nuestro país y hay que cuidarlas.

Ida y vuelta en la pantalla chica

En los años 80 la televisión abrió las puertas a la transmisión en directo de las categorías nacionales, a excepción del TC que por aquellos años mantenía su esencia de correr en las rutas y ello complicaba la logística y los costos de la TV. Con la desregulación de los medios audiovisuales, la privatización de los canales de aire y la irrupción del cable, esa realidad cambió en los primeros años de la década del 90 y las carreras del Turismo Carretera se convirtieron en la vedette de la pantalla chica.

De a poco el automovilismo siguió el camino del fútbol y el TC pasó a formar parte del paquete “codificado” en las señales de cable del interior. Allí se produjo la primera fuga de audiencia, entre quienes podían pagar para ver los eventos en directo y los que debían contentarse con ver un resumen o escuchar la radio.

Tiempos modernos (para algunos)

Desde hace algunos años han irrumpido en el automovilismo mundial y también por nuestras pampas las transmisiones en línea –streaming – de diversos eventos del deporte motor. Lo que en un principio ampliaba el abanico de posibilidades para ver competencias automovilísticas ahora amenaza con excluir a más de una generación de aficionados.

En los últimos meses se aceleró el proceso de traspaso de las transmisiones deportivas desde el formato TV clásico, ya sea cable o satelital, a las plataformas de video vía internet –denominadas OTT-, lo que implica en la mayoría de los casos un costo adicional por el servicio, pero además tener la infraestructura técnica y el conocimiento para operar dichos sistemas.

La Fórmula 1, el Campeonato Mundial de Rally y el MotoGP pasarán en 2022 a formar parte casi con exclusividad de la plataforma Star +, a partir de la adquisición del Grupo Disney de la cadena FOX Sports para Latinoamérica y los derechos de transmisión que ya tenía ESPN, señal deportiva del gigante del entretenimiento. Sin embargo esa fusión –que en las últimas semanas fue rechazada por la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia de Argentina- derivó en que la audiencia argentina se viera imposibilitada en los últimos años de ver categorías como la Fórmula E o el WTCR, e incluso el último fin de semana no se pudiera seguir en nuestro país la competencia de las 24 horas de Le Mans, en la que competía “Pechito” López.

A todo ese combo se sumó esta semana la incertidumbre respecto a si en Argentina se podrá ver o no el campeonato de la serie NASCAR, probablemente la categoría internacional más vista en nuestro país. Hasta hoy jueves, no hay confirmación de un acuerdo para televisar esa categoría y es probable que solo pueda verse en señales alternativas de internet ya que ni siquiera forma parte de los paquetes comercializados en nuestro país.

El TC y el TN desde el celular

La frutilla del postre se conoció este jueves 3 de febrero. La actividad en pista del Turismo Carretera y el Turismo Nacional solo tendrá transmisión televisiva los días domingo y solo las finales serán en directo por la TV Pública, mientras que el resto de la actividad en pista será exclusiva de MotorPlay.tv, una plataforma OTT compatible con teléfonos celulares y computadoras de escritorios que de momento ofrece una suscripción gratuita, pero que en breve pasará a ser de pago, tanto para el mercado internacional como para nuestro país.

De esta manera las dos principales categorías del automovilismo argentino solo serán de acceso libre a tiempo completo para quienes tienen dispositivos móviles o puedan asegurar una conexión de internet, excluyendo a quienes no tienen esa tecnología o que aún teniendo acceso para adquirir los mismos no tengan los conocimientos informáticos para operarlos. Por supuesto que también quedarán vedados de ver los entrenamientos y clasificación de ambas categorías las personas que no cuenten con recursos económicos para acceder a un servicio de datos de internet móvil, o fijo, o claro está, quienes ni siquiera puedan adquirir un equipo celular.

¿Alguien se preguntó en la ACTC y APAT que pasa con aquellas personas que por cuestiones de recursos, edad o simplemente falta de conocimiento, no pueden incorporarse a la vía digital a través de una app? ¿Se plantearon los responsables de ambas categorías de que manera van a acceder los miles de argentinos que viven en el campo, alejados de los centros poblados y sin infraestructura tecnológica, a esos contenidos? Porque si no lo saben se los contamos nosotros: hay zonas del país en las que no hay cobertura telefónica y no son pocos los pueblos de nuestro territorio en los que el internet es apenas una utopía.

La categoría que abrió caminos desde la Puna hasta la meseta patagónica y la divisional más federal del automovilismo argentino están a un paso de abrir una nueva puerta por la que se irán muchos de los que conforman la raíz de nuestro automovilismo.

Diversificar para crecer, no para excluir

La apuesta a las nuevas tecnologías puede ser una gran oportunidad para el automovilismo argentino, siempre que ello no implique la exclusión de sectores de la audiencia que por diversos motivos no pueden acceder a ese servicio.

La incorporación de las plataformas OTT, como MotorPlay.tv en el caso criollo, debería ir asociado a la generación de nuevos contenidos, de propuestas diferentes y de un valor agregado que en la actualidad la televisión no puede brindar por una cuestión de costos y tiempo; pero ese camino no debería trazarse sobre la exclusión de una audiencia tradicional. El combo tiene todos los elementos para transformarse en un negocio de recorrido corto: caída en la audiencia de tv, menos concurrencia a los circuitos por falta de difusión y consecuentemente un menor aporte publicitario.

Al costado de la ruta, donde nacieron las dos categorías, la gente aún trabaja duro para obtener del suelo sus riquezas y sabe que no hay recetas mágicas: si al final de la temporada se quiere se quiere saborear una fruta, lo primero que hay que cuidar son las raíces.

Tendencias